“Fontana vivió todo apresuradamente. Logró
aprehender el momento con vehemencia, el instante único.”
Luna Benítez
Ya estamos bien avanzados en Diciembre es lunes 28 día de los santos
inocentes y de paso llueve y se ha aplacado
un poco el olor a dektol y a fijador del viernes que caracteriza los
laboratorios. ha comenzado la mañana cambiando las cubetas de sitio y colocando
el papel vencido dentro de las cajas nuevas de Ilford Galerie y escondiéndonos
para mirar la cara de los nuevos en el momento de revelar. Afuera las birras y
suena Cuando voy a Maracaibo y empiezo a pasar el...
¡Alo!...
¿Cómo es la vaina?
-Que
el gordo queeeé?
-Coño
mi pana. ¡Esos no son juegos! este día es para fastidiar a los nuevos y ya
estamos viejitos pa´ la gracia
-No,
no es juego Luis Brito acaba de avisar que murió el gordo.
Si así de
repente. Como un disparo de flash. Sin despedirse. Como si se le hubiese
acabado la película que llevaba por dentro y que creíamos inagotable. Por un instante
viajé a Venecia, Padua, Florencia entremezclada con Araya, Paraguana, El Tigre,
Anare hice un trasbordo del mármol a la locura del amor enajenado. A mi memoria vinieron los perros
de las calles solitarias. los asnos centinelas de cementerios, la mascarada a
la luz de los postes en Venecia, los espejos flotantes. La cara redonda. Sus
franelas de superhéroe; pero sobre todo, una soledad tan sola que se adhería a
la plata de sus fotos. Tal vez por eso
Gorka Dorronsoro escribiría en 1993 “Me
parecía que miraba el mundo con tristeza pero también con la extrañeza de toparse con una realidad huidiza
difícil de aprehender…. Su fotografía aspiraba a captar la eternidad”.
“Moriré un día
No será en París
seguramente no
será jueves
ni lloverá
simplemente hare
un crac.
Será una noche
de luna
su luz me dará
la misma que hoy
Moriré de noche
oiré maullar los
gatos.
Hacia el
amanecer los gallos cantarán
traerán el vacío
silencioso o el encuentro con el descanso
No mas vómitos
de pecho
será en
diciembre, espero, es más claro el cielo en las noches
será como
deshojar margaritas en un abril que no existe
Nos miramos en
años luz, nos medimos en sentimientos
era una premura
contar nuestro afecto
viajamos sin
compasión en una noche
recordando la
historia.
Adiós.”
Roberto Fontana, 1988
Era el que motivaba con sus imágenes a
los que apenas comenzábamos a ver exhibiciones. Su capacidad ensayística se presenta
en 1980 en el estado Vargas y sus retratos escudriñan el interior de los
sujetos en el sanatorio de Anare. Allí, registra el alma más que el cuerpo de quien lo
mira. Su mirada agiganta las ventanas de
los otros para que expresen en silencio lo que los ha apartado de una
cotidianidad que no logran comprender. El beso, el Grito, un hombre que sueña
su espectáculo con una flor en la solapa. Ellos sólo eran ellos mismos, sin
poses arregladas, sin pretensiones. Eso era lo que captaba este ojo acucioso. Paolo
Gasparini uno de sus más cercanos diría más adelante: “La mirada de Fontana es el deseo
de recobrar ese algo perdido, esa insatisfacción, restablecer la integridad de
una carencia diría, casi resarcir, compensar un daño y devolvernos otra imagen
más plena, menos deformada, más incisiva que la vida misma.”
Al mismo tiempo Roberto comenta en el
espacio de la fotografía al adecuar la hermosa escala de grises a la poética
visual de la que siempre echó mano. No en balde obtuvo en el seno de la familia
desde muy niño, una formación que le permitió, más adelante, esa juventud
vivida con el oficio de sonreír tras la cámara del estudio familiar al igual
que Mario, su padre.
Por
un buen tiempo su gran humanidad recorrió las vitrinas de Foto Profesional en Sabana Grande, luego Micrón y otros negocios de
renombre en los años 70 cuando apenas se acercaba su cumpleaños número 18 Luego,
aflora en él su carga de ironía que se afianza en las conversaciones con los amigos que ya mostraban con fuerza una
estética un tanto irreverente en la que muchos
ojos educados en Europa y Norteamérica problematizaban la composición y la
fotografía misma como acto.
En ese hervidero de los años 70 fotógrafos
como Kudelka, Winogrand, Frank, Friedlander
confrontaban a Bresson, Doisneau,
Depardon o Jeff Wall y hacían una especie de hibridación con la
mirada latinoamericana tan marcada por el
compromiso social de Álvarez Bravo, Raúl Corrales y Pedro Meyer. Esta
mixtura marcó una época en nuestra fotografía y en ese caldo de
cultivo estaba Roberto Fontana aprendiendo de Luis Brito, Jorge Ball, Alexis
Pérez Luna, Ricardo Armas. Sebastián Garrido, Vladimir Sersa, Mariano Díaz, Federico Fernández, Félix Molina, Fermín Valladares,
Nelson Garrido, Alí Araujo, María Teresa Boulton, Paolo Gasparini, Ged
Leuffert, Fernando Carrizales entre otros además de compartir la sonrisa y la delicadeza del trabajo de Cruz Velasquez,
Gina, y Raquel ríos. Muchos de ellos reunidos
en la Fototeca que dirigía María Teresa.
Es en ese espacio en el que Fontana muestra su primer acercamiento a lo autoral
con “Un viaje de Fotos” entre 1978 y 1979
y en esas felices andanzas llega a
formar parte del Consejo Venezolano
de Fotografía al que asistía para compartir y nutrirse de una estética que
buscaba como escape a los años de dedicación a la fotografía de estudio y de
publicidad.
El Gordo siempre demostró que era poco
dado a los discursos y a las elucubraciones académicas que daban un ambiente de
seriedad y cuando la cosa se ponía muy profunda soltaba su célebre frase ¡Ay!
Esto si es divertirse! devolviendo el carácter terrenal de la discusión.
Mas tarde iniciando la década de los
80´ Fontana hace dos vidas con dos luces distintas la nocturnidad y la penumbra
de una Venecia desenfrenada y el sol
abrasador de Paraguaná, y Araya, en una infinita contemplación con la que da
rienda suelta a reencuentro con la soledad.
En una oportunidad le confiesa a
Rafael Pedraza Díaz “Creo que mi vida es un poco ir y venir a mis sitios de origen. Yo me
siento un desterrado. El que tiene raíces se aferra a ellas, las defiende, yo
tal vez, tengo demasiadas raíces”
Ya a finales de esta década y después
de largas temporadas entre Italia y Venezuela Roberto comienza una interesante
organización de sus trabajos en lo que llamó La otra parte. Un audiovisual que
musicalizo muy a su estilo con Charles Asnabour y el el Baquiné de loa
angelitos negros de Willie Colon y lo muestra en la Universidad Simón Bolívar así
como en la semana de la fotografía en Barquisimeto junto a Mariano Díaz y
Fernando Carrizales. Este diaporama da origen después de su muerte al hermoso
libro La altra parte/la otra parte en la
que se recogen sus mejores imágenes.
Fontana era un hombre de imágenes
comprometidas con su tiempo. Por lo que intentaba clasificar y archivar un valioso material que representaba
su obra La ventana de su apartamento en la av. Victoria filtraba la luz
caraqueña sobre las carpetas de negativos y sus cajas de fotos perfectamente ordenadas
mientras, sus paredes se mostraban jactanciosas por exhibir las fotografías
pulcramente montadas provenientes de intercambios con amigos y conocidos. Tal organización casi melancólica terminaba al
abordar su flamante malibú que parecía
imprimirle una energía extraña para reírse de todo. De esos años son los
retratos de las andanzas con, Ricardo Armas, Vladimir Sersa entre otros que dan
fe de esa niñez retenida en un cuerpo ancho en la que vivía su jocosa glotonería.
“Moriré un día
No
será en París
Seguramente
no será jueves
ni
lloverá
simplemente
hare un crac.”
Su corazón explotó de tanta magia
diría yo. Explotó de tanto corazón de otros contenido en su pecho hizo Crac de tanta
ausencia en sus paisajes, de tanta contemplación, de tantos grises en sus
copias, de tanto abrazo fraterno. De
tanta picardía.
Luego
iniciaron los homenajes muy sentidos de
Daria Fontana su madre, la fortaleza del carácter la visión europea de la vida,
la Mujer que él llamaba “La mia Conciencia”
Foto de Ricardo Armas
Al día siguiente, como en procesión,
salimos de Maracay a su último adiós. Llegamos a una funeraria pequeñita como
su tristeza. Ubicada detrás de la
iglesia de San Pedro. Roberto lucía su
inseparable chaqueta de viajes fotográficos.
“Será
en diciembre, espero, es más claro el cielo en las noches “
En la esquina, los transeúntes canturriaban gaitas y cuando todos
pretendíamos filosofar sobre lo efímero de la vida y la materialidad del alma él
parecía decir ¡Ay! Esto sí que es divertirse ja!
Wilson
Prada
Febrero
de 2014
Agradecimientos a
Omaira Aponte por el ejercicio a Gina Jorge Ball, Nelson Garrido, Fernando Carrizales y Leonardo Rojas Magallanes por las
anécdotas ,los libros y las fotografías





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