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| https://youtu.be/w_JFtAZDEHA |
Al principio era el verbo: el de Erik del Búfalo; luego sólo es imagen la palabra,
“aquello
que se asoma allí donde la palabra se devuelve exhausta y cabizbaja, de tanto
proporcionar explicaciones insuficientes”.
Creo que esta es una exposición a dos manos, en
la que este texto forma la novena obra. Su lectura crea el estado mental
necesario, no solo para el disfrute estético de la obra de Nelson, sino además para
buscar razones que nos puncen como agujas ante de accionar el dedo sobre el
obturador.
I
Desde aquí, veo esa oscuridad de sala con cortina
blanca y mesita redonda que impide el paso de los mirones a la exhibición aun
cerrada. Recostado en ella, un tipo con
cara de Garrido anota nombres en un papel en el que los números empujan a las
letras hasta que caen por el precipicio de la mano de este canonizador de
vísceras y cochinos levitando.
No cabe duda, es Nelson, el de la franela negra. El
que ha limado a fuerza de muertos en vía, santos y vaginas, las fronteras que
pretende limitarnos en una “identidad fotográfica Venezolana”. Desde hace
tiempo entendió que la universalidad de la obra es una cualidad que atenta
contra el aburrimiento extremo de lo normativo y lo doméstico. Sabe que la fotografía
se hace extraordinaria al extraerla de la monotonía de la exacta reproducción técnica;
por eso, busca sus raíces en el otro, en
el que crea y trasciende partiendo de la investigación, la interpretación y las
decisiones conjuntas. De allí el aporte de "La Pajarera" en Buenos Aires.
II
El taller de fotografía Roberto Mata comenzó temprano
a alimentarse de visitantes, así que el espacio se hace chico y se satura de anécdotas
de fotografos salpicados de exageraciones como si de cuentos de pescador se tratara. en pocos minutos se enredan
los sonidos que chocan contra las barandas de la casa. En la escalera comienza a sentirse
la presión de tanta gente que intercambia abrazos. Sí. Lo sé, toda inauguración
es una excusa para el apretón de manos, el saludo lejano o el apapachamiento de
unos más atrevidos que juegan a “carrito sin placa” en el tumulto; pero, en
este caso, quizás fue una estrategia para poner a tono a los espectadores.
Las miradas de muchos jóvenes recorren la
muchedumbre identificando a tal o cual personaje y presienten que algo está por
suceder en el marco de esta exhibición. Desde mi lugar en la barra, sé que Hay
razones de sobra para dar espacio a la felicidad; lo digo porque la vieja
conseja que creó una especie de camino oscuro habitado por silbones que
arrebatan la luz de los ojos de quienes caminan de una escuela de fotografía a
otra desapareció de pronto. La verdad comenzó a mostrar su rostro brillante. El
Nelson se invitó a todos los representantes de los centros de enseñanza fotográfica
de esta pequeña parte del país para intercambiar energías acumuladas. Gente de La
ONG, Roberto Mata, CIEFve, Cubo7, Escuela Foto Arte, Espacio 3y3, La cueva
creativa, Prada Escuela de Fotografía, Avecofa, Academia Chaplin Escuela de Fotografía
del Carabobeño CCEAS, entre otras instituciones e individualidades de la educación
fotográfica nacional y el campo editorial,
se dieron cita. Tal vez parezca mentira. Algunos dirán que falto “el selfie”
del grupo; pero no fue necesario; Demás
está decir que, esta vez, estuvo presente el abrazo, el apretón de manos, la
sonrisa de aceptación y el acto reflexivo. Me atrevo a pensar que en la exposición de El mito andrógino cayó el
mito de las guerras escolares pues, mas alla de nuestras afortunadas diferencias de estilo, de formas de enseñanza y hasta de metas
logradas; en el fondo, nos admiramos como artistas, nos asombra la evolución de
quienes salen del aula de escuelas distintas y complementan su formación con el
mismo sueño de apresar la luz y hacer historia.
III
Al pasar a la sala, nos recibe un video de un
garrido desnudo, tal y como es él, nadie notó la diferencia entre la desnudez física
y la de sus convicciones; luego, muestra el zumo de la idea del Hombre Bola nacido
de sus sutiles pesadillas platónicas y lo plasma sobre el soporte biplano para
obligarnos a frotar la mirada en las pieles amarillas como si estuviese
convencido de que son las pupilas las que perciben el olor a mito.
Me pregunto entonces ¿a que huelen los mitos sino
a tinta de imprenta y aceites juveniles transferidos en los roces de
bibliotecas?. Una vez más tiene razón Erik
cuando afirma: “La fotografía por uno de sus lados mira y camina hacia las cosas. Por
el otro, nos trae esas cosas, aunque ya no existan, a nuestra mirada en su ser
más allá de toda contemplación: es lugar y no tiene espacio, es tiempo y a la
vez instante intemporal.” Pienso que
la fotografía es una bola como el hombre que Garrido expone. Una bola
que mira su realidad circundante en una
quietud pasmosa para que el espectador
active sus referentes de un pasado que deja de ser estático.
IV
Esta vez, como en gran parte de la obra de
Nelson, el noema de Barthes enfrenta el “eso fue” interrogando la temporalidad,
contra el “eso fue actuado” de Soulages
quien se regocija hurgando en la herida de la veracidad fotográfica. Sabemos que
no es cierto todo lo que muestra y que la única verdad es la que la mirada recorre. Sabemos que esta visión del mito nos hace comprender que la historia
se divierte volviendo al nido en el que
dejó su primer trino. Esta circularidad
nos da dos caras: la de la fotografía objeto, inanimada, esa materialidad museable, vendible
que cuelga a la espera de ser vista, y lo que ella representa: lo inasible lo
que no puede ser tasado, ese lado oscuro
de la esfera que induce mil lecturas distintas, esa aura que, como una alfombra,
atrapa todo halago, todo discurso, todo análisis, todo escrito y, con el tiempo
forma esta hermosa madeja inacabable de misterios que hace de algunas fotografías
un hito para marcar el paso del hombre tras la cámara. .
@Wilson Prada
PD. Estoy seguro de que la distancia se hará
corta y que compartimos el mismo sentimiento
en otras regiones del país con tradición fotográfica en las que escuelas y docentes independientes activan las aulas como en la Ecuela Julio Vengoechea, los talleres pixel, Carmelo
Raydan, Gipsy Rangel y Federman Parra en Zulia; Kevin Corredor Fundación
parpadoelocuente y José Ángel Mora en Táchira; José Voglar Jorge Vall y la Escuela
Alejandro Sayegh en Nueva Esparta; Manuel
González en Trujillo, Abc Digital y Iaranavi Navarro en Sucre, Foto fábrica en Anzoátegui,
Fotoarte Picasso y el colectivo 286 en Bolívar
Randy Sierra en Monagas, Hayfotografia y enfocarte en Carabobo; Fernando
Carrizales, Alfonso Solano escuela Maracay y D-76 en Aragua, Sonia Jaramillo y
Enio Cuello en Lara; José Ignacio Vielma en Barinas Ccas 2,8 Kari Luchony Solo
un Click en Caracas, Espacio GAF en Mérida, el Diplomado Siso Martínez en Miranda,
los diplomados de UBV, las aulas de Unearte, y el encuentro de Ciudad Compartida, entre otros.


