Reflejo, duplicación, repetición, son reafirmaciones de la forma casi siempre
ligadas a la geometría así como a un mundo mágico-religioso que se presenta en todas las culturas. Desde el mandala como
perfeccionamiento de la repetición en el círculo de la vida; hasta la de esos
fantasmas que habitan en cada ser ante la fascinación de encontrar en el espejo
la otra imagen, esa que vive en el mundo paralelo de lo virtual. La duplicación
es, casi siempre, una confrontación
entre original y copia, entre ficción y realidad. La búsqueda de esa copia perfecta que pone en duda al original que
inmediatamente se diluye en la similitud y pierde su estatus confundiendo al
espectador.
Carlos Martínez toma el fractal sólo como una
referencia y a partir de esa construcción secciona,
duplica, construye luego se aleja de esa referencia problematizando sutilmente la
simetría que es el fundamento del
reflejo. En otros casos, el autor busca la tridimensionalidad que unida al uso de determinados colores, le da a su
trabajo un carácter cercano a lo cinético. Ciertamente Carlos Martínez es un
fotógrafo que se cuestiona permanentemente lo que hace de su creación una de las pocas islas de singularidad
en el mar de fractales que baña la pintura, la fotografía y el digital art de esta contemporaneidad.
En esta oportunidad Martínez cierra un ciclo de trabajo que
se extiende por un poco más de una década, por lo que “Autosimilutud” ya no es una búsqueda en si misma es, más bien, un
desprendimiento en la temática de un autor que llega a su madurez fotográfica y,
en este cierre de ciclo, muestra el fruto de ser consecuente y coherente con sus
conceptos desde la idea hasta la
ejecución.

No hay comentarios:
Publicar un comentario