jueves, 28 de enero de 2016

EL MITO ANDRÓGINO O EL HOMBRE BOLA Exhibición de fotografias de Nelson Garrido






 https://youtu.be/w_JFtAZDEHA


Al principio era el verbo: el de Erik del Búfalo; luego sólo es imagen la palabra,
“aquello que se asoma allí donde la palabra se devuelve exhausta y cabizbaja, de tanto proporcionar explicaciones insuficientes”.
Creo que esta es una exposición a dos manos, en la que este texto forma la novena obra. Su lectura crea el estado mental necesario, no solo para el disfrute estético de la obra de Nelson, sino además para buscar razones que nos puncen como agujas ante de accionar el dedo sobre el obturador.  

I

Desde aquí, veo esa oscuridad de sala con cortina blanca y mesita redonda que impide el paso de los mirones a la exhibición aun cerrada. Recostado en ella,  un tipo con cara de Garrido anota nombres en un papel en el que los números empujan a las letras hasta que caen por el precipicio de la mano de este canonizador de vísceras y cochinos levitando.
No cabe duda, es Nelson, el de la franela negra. El que ha limado a fuerza de muertos en vía, santos y vaginas, las fronteras que pretende limitarnos en una “identidad fotográfica Venezolana”. Desde hace tiempo entendió que la universalidad de la obra es una cualidad que atenta contra el aburrimiento extremo de lo normativo y lo doméstico. Sabe que la fotografía se hace extraordinaria al extraerla de la monotonía de la exacta reproducción técnica;  por eso, busca sus raíces en el otro, en el que crea y trasciende partiendo de la investigación, la interpretación y las decisiones conjuntas. De allí el aporte de "La Pajarera" en Buenos Aires.
II

El taller de fotografía Roberto Mata comenzó temprano a alimentarse de visitantes, así que el espacio se hace chico y se satura de anécdotas  de fotografos salpicados de exageraciones como si de  cuentos de pescador se tratara. en pocos minutos se enredan los sonidos que chocan contra las barandas de la casa. En la escalera comienza a sentirse la presión de tanta gente que intercambia abrazos. Sí. Lo sé, toda inauguración es una excusa para el apretón de manos, el saludo lejano o el apapachamiento de unos más atrevidos que juegan a “carrito sin placa” en el tumulto; pero, en este caso, quizás fue una estrategia para poner a tono a los espectadores.
Las miradas de muchos jóvenes recorren la muchedumbre identificando a tal o cual personaje y presienten que algo está por suceder en el marco de esta exhibición. Desde mi lugar en la barra, sé que Hay razones de sobra para dar espacio a la felicidad; lo digo porque la vieja conseja que creó una especie de camino oscuro habitado por silbones que arrebatan la luz de los ojos de quienes caminan de una escuela de fotografía a otra desapareció de pronto. La verdad comenzó a mostrar su rostro brillante. El Nelson se invitó a todos los representantes de los centros de enseñanza fotográfica de esta pequeña parte del país para intercambiar energías acumuladas. Gente de La ONG, Roberto Mata, CIEFve, Cubo7, Escuela Foto Arte, Espacio 3y3, La cueva creativa, Prada Escuela de Fotografía, Avecofa, Academia Chaplin Escuela de Fotografía del Carabobeño CCEAS, entre otras instituciones e individualidades de la educación fotográfica nacional  y el campo editorial, se dieron cita. Tal vez parezca mentira. Algunos dirán que falto “el selfie” del grupo;  pero no fue necesario; Demás está decir que, esta vez, estuvo presente el abrazo, el apretón de manos, la sonrisa de aceptación y el acto reflexivo. Me atrevo a pensar que  en la exposición de El mito andrógino cayó el mito de las guerras escolares  pues, mas alla de nuestras afortunadas diferencias de estilo, de formas de enseñanza y hasta de metas logradas; en el fondo, nos admiramos como artistas, nos asombra la evolución de quienes salen del aula de escuelas distintas y complementan su formación con el mismo sueño de apresar la luz y hacer historia.

III
Al pasar a la sala, nos recibe un video de un garrido desnudo, tal y como es él, nadie notó la diferencia entre la desnudez física y la de sus convicciones; luego, muestra el zumo de la idea del Hombre Bola nacido de sus sutiles pesadillas platónicas y lo plasma sobre el soporte biplano para obligarnos a frotar la mirada en las pieles amarillas como si estuviese convencido de que son las pupilas las que perciben el olor a mito.
Me pregunto entonces ¿a que huelen los mitos sino a tinta de imprenta y aceites juveniles transferidos en los roces de bibliotecas?. Una vez más  tiene razón Erik cuando afirma:  “La fotografía por uno de sus lados mira y camina hacia las cosas. Por el otro, nos trae esas cosas, aunque ya no existan, a nuestra mirada en su ser más allá de toda contemplación: es lugar y no tiene espacio, es tiempo y a la vez instante intemporal. Pienso que  la fotografía es una bola  como el hombre que Garrido expone. Una bola que  mira su realidad circundante en una quietud pasmosa  para que el espectador active sus referentes de un pasado que deja de ser estático. 

 
IV
Esta vez, como en gran parte de la obra  de Nelson, el noema de Barthes enfrenta el “eso fue” interrogando la temporalidad, contra  el “eso fue actuado” de Soulages quien se regocija hurgando en la herida de la veracidad fotográfica. Sabemos que no es cierto todo lo que muestra y que la única verdad es la que la mirada recorre. Sabemos que esta visión del mito nos hace comprender que la historia se divierte  volviendo al nido en el que dejó su primer trino.  Esta circularidad nos da dos caras: la de la fotografía objeto, inanimada, esa materialidad museable, vendible que cuelga a la espera de ser vista, y lo que ella representa: lo inasible lo que no puede ser tasado,  ese lado oscuro de la esfera que induce mil lecturas distintas, esa aura que, como una alfombra, atrapa todo halago, todo discurso, todo análisis, todo escrito y, con el tiempo forma esta hermosa madeja inacabable de misterios que hace de algunas fotografías un hito para marcar el paso del hombre tras la cámara. .  


                                                                                                                           @Wilson Prada  

PD. Estoy seguro de que la distancia se hará corta y que compartimos  el mismo sentimiento en otras regiones del país con tradición fotográfica en las que escuelas y docentes independientes activan las aulas  como en la Ecuela Julio Vengoechea, los talleres pixel, Carmelo Raydan, Gipsy Rangel y Federman Parra en Zulia; Kevin Corredor Fundación parpadoelocuente y José Ángel Mora en Táchira; José Voglar Jorge Vall y la Escuela Alejandro Sayegh  en Nueva Esparta; Manuel González en Trujillo, Abc Digital y Iaranavi Navarro en Sucre, Foto fábrica en Anzoátegui, Fotoarte Picasso  y el colectivo 286 en Bolívar Randy Sierra en Monagas, Hayfotografia y enfocarte en Carabobo;  Fernando Carrizales, Alfonso Solano escuela Maracay y D-76 en Aragua, Sonia Jaramillo y Enio Cuello en Lara; José Ignacio Vielma en Barinas Ccas 2,8 Kari Luchony Solo un Click en Caracas, Espacio GAF en Mérida, el  Diplomado Siso Martínez en Miranda, los diplomados de  UBV, las aulas de Unearte, y el encuentro de Ciudad Compartida, entre otros.




2 comentarios:

  1. Siempre nos dejas esas palabras que no olvidamos, que durante nuestra vida en el mundo de la imagen estarán presente hasta que el obturador se cierre por última vez.

    Gracias Maestro Wilson

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  2. Gracias Carlos por tus palabras de aliento a la escritura. Esta nueva faceta se me torna fascinante; de verdad Garacias.

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